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jueves, 4 de julio de 2013

Lecciones de la Agresión Europea Contra el Presidente de Bolivia

La agresión en Europa contra el presidente de Bolivia ha descubierto varias cosas:

Europa está dispuesta a violentar la ley internacional que garantiza la inmunidad diplomática a los jefes de estado para capturar un prófugo de la justicia de Estados Unidos.

Europa está dispuesta a poner en peligro la vida de un presidente latinoamericano en pro de la política estado unidense.

Lo anterior lleva a la conclusión de que Europa es un territorio subordinado a los Estados Unidos, unas colonias sin voluntad propia; y que para ellos latinoamérica no reviste de la menor importancia.

Sobre Latino América, sobresale lo siguiente:

Colombia y Chile se rehusan a una reunión de Unasur: su estatus cipayo queda claramente evidenciado.  No buscan el respeto basado en la autonomía, si no en la subordinación al imperio.  Es decir, buscan una posición similar dentro de la estructura de poder a la que tiene Europa.  No se dan cuenta de que tal es convertirse en herramienta, no en centro de derecho y poder. 

El Brasil de Dilma se limita al discurso fácil.  Es una administración mediocre y débil, sin capacidad para liderar la región. 

La agresión contra Bolivia, la violación de la ley internacional, debió haber conllevado una reunión de la CELAC; que no se de ni una reunión de la UNASUR demuestra que la unidad latinoamericana sigue siendo un discurso hueco.

Si Latinoamérica fuese un centro de poder, se hubiese clasificado la agresión contra Morales como un acto de guerra, y se hubiesen congelado las relaciones con tales estados europeos, y con su metrópoli imperial, Estados Unidos.

El suceso por tanto, en términos de la reacción latinoamericana, es una tragedia histórica.

domingo, 22 de abril de 2012

YPF y la Debilidad Espiritual de la Integración Latinoamericana

Tras las muestras de unidad y desafío diplomático frente a EE.UU. exhibidas en la cumbre de Cartagena, las reacciones diversas y pusilánimes frente al reclamo español por la re-nacionalización de YPF por parte del gobierno argentino muestran la debilidad espiritual de la integración latinoamericana. La prepotencia de España, tanto en términos verbales como políticos (la expropiación es un acto legal, por lo que el gobierno español estaba intentando dictar política interna a Argentina por medio de amenazas), merecía una clara respuesta de rechazo unificado de parte de los países latinoamericanos. Si resultaba imposible un ‘estamos de acuerdo’, si se podía un ‘respeten las decisiones soberanas’. Los intereses económicos cortoplacistas, junto a las diferencias ideológicas, hicieron sin embargo imposibles una muestra de unidad. Solo el Parlatino entre los mecanismos de integración ha dado su apoyo, aunque con la vergonzosa abstención de México. Los posicionamientos promercado de muchos, y el temor a espantar inversiones (aparte del cipayismo inherente, claro), impedían una respuesta unánime por parte de la Celac y la Unasur... aunque no de Mercosur, o del Alba.

En términos de países individuales, Chávez, Ortega, Morales y Mujica expresaron abiertamente su apoyo, e igual Cuba (¿Correa, estará en espera de inversiones de Repsol y por eso se quedo tan raramente callado?) Brasil escogió la diplomacia extrema, que debió haber sido la de todos: no opinamos, no intervenimos, respetamos. Pero recibir al siguiente día al ministro argentino ‘interventor’ y anunciar mayor participación de Petrobras en Argentina, demostró su aprobación de facto.

Hasta el G20, y el nefasto FMI terminaron, frente a la vulgar petición de apoyo española, explicando que era una cuestión bilateral en la que ellos no podían intervenir: México y Colombia debieron haber hecho al menos lo mismo.

Las palabras de Mujica son las que mejor recogen el porqué, mas allá de la hermandad, el rechazo de latinoamérica al intervencionismo español debió haber sido unificado y contundente: "Nuestra solidaridad en las verdes y en las maduras. No nos gusta el prepo de la Europa rica, PORQUE LO USAN CON ELLOS, Y MAÑANA CON NOSOTROS.”

viernes, 20 de abril de 2012

La Cumbre de las Dos Américas

La cumbre de Cartagena dejo constatado que las ancestrales diferencias culturales entre la América Neo-Tropical y la América Neo-Artica han adquirido un carácter geopolítico e institucional definido. Estados Unidos y su apéndice Canadá, tienen una visión de mundo e intereses distintos a los de América Latina y el Caribe. El paternalismo neo-colonial que guía a Estados Unidos no tiene cabida ya en los estados reunidos en la recién nacida CELAC, que buscan constituirse en un bloque autónomo de poder. Igualmente, la nueva realidad de la CELAC no tiene cabida en la concepción identitaria de hegemón global que define a Estados Unidos. Para EE.UU., América Latina es un apéndice subordinado y periferal, que debe aceptar instrucciones y sujetarse a inspecciones y certificaciones. Para la nueva América Latina EE.UU. es un socio, que debe respetar las decisiones soberanas de los estados, y comportarse como un igual. El hecho de que como unidad, represente el mayor mercado para los productos de EE.UU., debiese ser suficiente evidencia de su importancia.

Pero EE.UU. no es un igual: Es un imperio poderosísimo y unitario, guiado por ideologías mesiánicas interventoras, cada vez mas fanáticas. Es el mayor poder militar que ha conocido la historia, y, cabe no olvidar jamás, posee la capacidad de destruir toda la vida, humana-animal y vegetal que habita la Tierra. Es un centro de creatividad tecnológica sin parangón, y una cultura de producción y comercialización que nadie supera, y que le constituyen en el mayor centro económico del planeta. Su estabilidad institucional es irrefutable, aunque no lo sea su democracia.

Pensar que América Latina es un igual comparable es una broma pesada: Es una colección de estados relacionados pero heterogéneos, que no une ninguna institución, solo una recién creada e indefinida liga, que no posee proyecto global específico, mas allá de un llano deseo de desarrollo y soberanía; Su inestabilidad política e institucional es famosa, y aunque el desarrollo económico sea mediano, la desigualdad interna subvierte la armonía social. Débiles militarmente, con poca creatividad tecnológica y mediocre capacidad comercial, no puede esperar que sus reclamos de igualdad sean escuchados solo porque las tendencias y proyecciones indiquen que ha de esperarse una sostenida mejoría y progresiva unificación.

Esto no significa que no se deba reclamar la igualdad geopolítica - el discurso es parte esencial de una construcción - lo que significa es que ésta no será legada ni reconocida. La igualdad solo puede ser arrogada y establecida. Así, el gesto de Correa es una arrogación de igualdad, pues se niega a la puesta en escena de la subalternidad y sumisión frente a EE.UU., e igual lo son los gestos diplomáticos concernientes a Cuba y Malvinas (cabe señalar de que la pretensión de que EE.UU. apoye los reclamos argentinos sobre Malvinas es absurda, ya que Gran Bretaña no es mas que uno de sus apéndices geopolíticos, es decir, en términos prácticos, las Malvinas actualmente son de EE.UU.).

Pero son los hechos de establecimiento de igualdad los verdaderamente relevantes, y estos se fundamentan en dos planos principales: Primero, la construcción institucional (Unasur, Celac, etc. como entidades funcionales y vinculantes); Y segundo y mucho mas relevante, la construcción económica y militar. Sin una base industrial-comerical autónoma, sin sistemas de defensa poderosos, América Latina no tiene fundamentos para esperar ser tratado como un igual frente a las potencias planetarias.

Si la unidad testimonial mostrada por America Latina en la cumbre de Cartagena pasa entonces a planos de construcción económica e institucional efectivos, la ‘Cumbre de las Américas’ pasará a ser una reunión, no entre múltiples estados americanos, si no entre dos partes, entre dos superpotencias, America Latina, y Amética Nórdica (aunque es posible que Brasil busque equivocadamente preservar su autonomía, y entonces fuesen tres los elementos: La Unión Hispanoamericana, Brasil, y Norte América). La historia dirá...